Introducción

La institución escolar desempeña un papel fundamental en la formación intelectual e identitaria de los estudiantes, influyendo significativamente en la percepción de sí mismos y del mundo que los rodea. Sin embargo, es importante reflexionar sobre cómo esta influencia puede impactar la vivencia de los estudiantes con disforia de género, que están en proceso de construcción de sus identidades de género y enfrentan desafíos específicos en un contexto heteronormativo, transfóbico y, por supuesto, violento para las personas trans, según datos proporcionados por la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (ANTRA). En este sentido, el presente estudio tiene como objetivo explorar la cuestión: ¿de qué forma la institución escolar contribuye a la promoción de la disforia de género entre estudiantes? ¿Y cómo podemos revertir esta promoción? Para ello, se abordarán algunos puntos que proporcionarán una comprensión más amplia del tema, permitiendo el análisis crítico de la influencia de la escuela en este contexto.

Inicialmente, será necesario establecer una base conceptual sólida, abordando la distinción entre identidad de género y sexualidad. Esta diferenciación es esencial para evitar confusiones y comprender cómo la institución escolar puede promover la disforia de género de forma distinta a la identidad de género de los estudiantes. También se explorará la disforia de género desde la perspectiva biológica, comparándola con una visión socioantropológica que considera las construcciones sociales, históricas y culturales.

A continuación, es necesario rescatar históricamente la construcción del binarismo de género, identificando los orígenes y las implicaciones de esta estructura de pensamiento en la sociedad contemporánea. La comprensión de las bases históricas del binarismo de género es esencial para contextualizar las normas y expectativas de género que permean el espacio de la institución escolar y de otras instituciones sociales en la sociedad contemporánea. Además, es fundamental reflexionar sobre la construcción de los roles de género y cómo se transmiten y perpetúan en el ambiente escolar. Este análisis permitirá comprender cómo la institución escolar ejerce influencia en la conformación de las identidades de género de los estudiantes, a menudo reforzando estereotipos y limitando la expresión de la diversidad de identidades de género.

Así, será posible situar la institución escolar en la promoción de la disforia de género. Se explorarán prácticas y normas cisheteronormativas que pueden contribuir a la experiencia de la disforia de género entre los estudiantes. Presentaremos algunos estudios que retratan esta realidad. Por último, se señalarán contrapartidas a la institución escolar heteronormativa, discutiendo enfoques alternativos e inclusivos en la educación de género. La presentación de ejemplos de acciones e intervenciones que promuevan la diversidad de identidades de género podrá proporcionar ideas para la construcción de un ambiente escolar más acogedor y respetuoso, capaz de mitigar la promoción de la disforia de género entre los estudiantes.

Identidad de género y sexualidad

La comprensión de los conceptos de identidad de género y sexualidad es fundamental para discutir la promoción de la disforia de género por la institución escolar. Estos términos frecuentemente se confunden, pero poseen significados distintos y son influyentes en la forma como las personas se perciben y se relacionan con el mundo que las rodea. En un momento histórico como el actual, ya no es posible desviar la mirada y la atención a esta cuestión. El género y la sexualidad hoy han adquirido dimensiones nunca antes vistas, lo que implica la necesidad de despertar estudios e investigaciones que los coloquen como elementos centrales para el debate académico. Ante las transformaciones sociales y la lucha por la visibilidad y reconocimiento de la comunidad LGBTQIAPN+, se hace indispensable dedicar esfuerzos para deconstruir una mentalidad que, en muchos aspectos, remonta a épocas medievales, en la cual las formas de ser, transitar, existir, permanecer y expresarse en la sociedad contemporánea son discriminatorias.

Según la American Psychological Association (APA), la identidad de género se refiere a la percepción interna y profunda de una persona sobre su propio género, que puede ser masculino, femenino, ambos, ninguno o algún otro género que no encaje en la tradicional y patriarcal dicotomía entre masculino/femenino. Es una experiencia subjetiva, que va más allá del sexo biológico asignado en el acto de su nacimiento. Para Boucher y Chinnah (2020, p. 90), "la identidad sexual es un componente de la identidad personal de una persona, abarcando creencias morales, éticas y religiosas en el desarrollo de una identidad multidimensional", ya que esta identidad es fruto de un constructo interdimensional influenciado por factores biológicos, sociales, culturales y personales, y puede ser fluida a lo largo del tiempo, es decir, la identidad individual tanto se construye como se reconstruye, como afirmado por Stuart Hall (2012, p. 108): "las identidades no son nunca unificadas; que son, en la modernidad tardía, cada vez más fragmentadas y fracturadas; que no son nunca singulares, sino múltiplemente construidas a lo largo de discursos, prácticas y posiciones que pueden cruzarse o ser antagónicos. Las identidades están sujetas a una historización radical, estando constantemente en proceso de cambio y transformación."

En cambio, la sexualidad se refiere a los patrones de atracción emocional, romántica y/o sexual de una persona (APA, 2008). Involucra la atracción que una persona puede sentir hacia otras personas, sea del mismo género, de género diferente o de más de un género. La sexualidad es una dimensión compleja y diversa del ser humano, que abarca orientaciones como heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, pansexualidad, entre otras (Ríos y Piovesan, 2001). Sin embargo, es importante resaltar que la orientación sexual no está directamente relacionada con la identidad de género, aunque ambas son elementos esenciales en la construcción de la identidad personal de los sujetos. Para ejemplificar esto, una persona puede tener una identidad de género no conformista y una orientación sexual heterosexual, homosexual, bisexual o cualquier otra. Por ejemplo, una persona transgénero femenina puede ser heterosexual, es decir, puede sentirse atraída romántica y/o sexualmente por personas del género opuesto al suyo. Por lo tanto, género y sexualidad no se confunden, son dimensiones distintas de la identidad de una persona, que, una vez interseccionadas, permiten conocer a una persona en su totalidad.

Sin la debida atención a los significados e implicaciones de estos términos, la sociedad tiende a adoptar una perspectiva binaria en relación al género, basada en una visión tradicional que clasifica a las personas en masculino y femenino, asociando cada categoría a roles, comportamientos y características específicas. Sin embargo, esta visión limitada no abarca la diversidad de experiencias e identidades de género presentes en la realidad. Es importante reconocer y respetar la multiplicidad de identidades existentes, promoviendo la igualdad, la inclusión y la libertad de expresión de cada individuo. La comprensión de estos conceptos tiene implicaciones significativas en el contexto escolar. La institución escolar desempeña un papel central en la formación de niños y jóvenes, pudiendo influir en su percepción de sí mismos y del mundo que los rodea. Es fundamental que las escuelas sean espacios inclusivos y acogedores, en los cuales los estudiantes puedan construir, explorar y expresar libremente su identidad de género y sexualidad, sin enfrentar discriminación, prejuicio o exclusión. Sin embargo, es importante reconocer que, en muchos contextos, la institución escolar aún reproduce normas y estereotipos de género, perpetuando la idea de que existe solo una forma "correcta" de ser hombre o mujer. Esta acepción puede generar conflictos y dificultades para estudiantes cuyas identidades de género no encajan en los patrones tradicionales.

Ante este panorama, se hace esencial repensar las prácticas educativas, con el objetivo de promover una educación de género que sea inclusiva, respetuosa y sensible a las múltiples diversidades. Esto implica garantizar que los estudiantes tengan acceso a información adecuada sobre identidad de género y sexualidad, que sean incentivados a cuestionar los estereotipos de género y que tengan espacios seguros para compartir sus experiencias y expresar sus identidades de forma auténtica. Al comprender los conceptos de identidad de género y sexualidad y su relevancia en el contexto escolar, es posible reflexionar críticamente sobre la forma en que la institución escolar contribuye a la promoción de la disforia de género entre los estudiantes y cuáles son sus consecuencias.

Disforia de género: enfoque biológico y socioantropológico

La discusión en torno a las perspectivas biológicas sobre la disforia de género ha sido objeto de interés y debate dentro de la comunidad científica en los últimos años. Estudios como los de Hembree et al. (2017), Drescher y Byne (2012), Ríos y Piovesan (2001), WPATH (2012), Coleman et al. (2012), Lev (2010), Serano (2007), Clements-Nolle, Marx y Katz (2006) y Gómez-Gil et al. (2006) abarcan diferentes aspectos de la disforia de género, incluyendo directrices clínicas, experiencias personales, estudios sobre calidad de vida e impacto social. Sin embargo, a pesar de los avances en la comprensión de la disforia de género como una condición médica, muchas cuestiones aún permanecen sin respuestas y proporcionan un campo fértil para investigaciones adicionales. La complejidad de esta condición exige un enfoque multidimensional que considere no solo los aspectos biológicos, sino también los factores psicosociales, culturales e históricos que influyen en la experiencia de las personas con disforia de género.

Una de las perspectivas biológicas sobre la disforia de género se concentra en investigar posibles influencias genéticas y hormonales en la formación de la identidad de género (Boucher y Chinnah, 2020). Estudios sugieren que ciertos factores biológicos pueden desempeñar un papel en la determinación de la identidad de género de una persona. Por ejemplo, investigaciones apuntan a posibles diferencias en la estructura cerebral, ya que "se sabe que la estructura de los cerebros masculino y femenino difiere; se verifica que las personas con disforia de género tienen una estructura cerebral más comparable al género al cual se identifican" (Boucher y Chinnah, 2020, p. 90). Estudios de neuroimagen han revelado diferencias en el cerebro de personas transgénero en comparación con aquellas cisgénero, especialmente en áreas asociadas a la identidad de género y a la percepción del propio cuerpo. Zhou et al. (1995), Kruijver et al. (2000), Savic y Arver (2011), Burke et al. (2017) y Guillamon et al. (2010) son ejemplos de estudios que utilizaron diversas técnicas de neuroimagen, como resonancia magnética estructural y funcional, para investigar diferencias en la estructura o actividad cerebral entre personas transgénero y cisgénero. Estas investigaciones proporcionaron evidencias que sugieren una base biológica para la identidad de género y contribuyeron al entendimiento de las bases neurobiológicas de la disforia de género. Sin embargo, es importante destacar que la interpretación de estos hallazgos requiere cautela y que más investigaciones son necesarias para comprender plenamente la relación entre la estructura cerebral y la identidad de género, como sugerido en el estudio de Boucher y Chinnah (2020, p. 90): "La revisión de la literatura sugiere que existe una disparidad entre los cerebros de aquellos que se identifican de forma diferente con el género asignado al nacimiento, destacando un sustento multifactorial de la identidad de género. Se necesitan más investigaciones para esclarecer el mecanismo molecular de esto, permitiendo una mayor educación y comprensión de este fenómeno científico y social."

Además, algunas investigaciones han explorado posibles influencias hormonales en la disforia de género. Estudios como el de Hare et al. (2009), Gooren (2006), Moser y Devereux (2019), D'hoore y T'Sjoen (2022) y Guillamon et al. (2016) abordan diferentes aspectos de las posibles influencias hormonales en esta condición, desde polimorfismos genéticos hasta los efectos de la terapia hormonal. Otros estudios, realizados en animales, también ofrecen ideas importantes. Arnold (2009), Phoenix et al. (1959), Gorski et al. (1978), Crews (2012) y Patisaul y Adewale (2009) investigaron la exposición a hormonas sexuales durante el desarrollo fetal y cómo esto puede influir en la identidad de género posteriormente en la vida. Aunque estas investigaciones proporcionan datos importantes, es válido resaltar que aún se necesitan más investigaciones para comprender estas relaciones complejas y cómo se aplican a los seres humanos.

Sin embargo, es importante destacar que estas perspectivas del campo de la biología y otras más que están/fueron concebidas a través de los más diversos estudios, no son las únicas a ser consideradas en la comprensión acerca de la disforia de género. Como ya se afirmó, la identidad de género es un fenómeno multifacético que también es influenciado por factores psicosociales, culturales, sociales e individuales. La interacción entre estas diferentes dimensiones aún es objeto de estudio y debate, y un enfoque abarcador es necesario para una comprensión completa de la disforia de género. En el campo de las ciencias humanas y sociales, la visión socioantropológica de la disforia de género, por ejemplo, ofrece una perspectiva valiosa para entender esta cuestión compleja más allá de las explicaciones biológicas. Este enfoque busca examinar las influencias sociales y culturales que moldean la construcción de la identidad de género y la experiencia de las personas transgénero en la sociedad. Diversos estudios han contribuido a esta discusión, tanto en el contexto nacional como internacional. Entre los estudios nacionales, destacan las obras de Carrara y Ramos (2017), Facchini (2017 y 2020), Bento (2017) y Tenório y Prado (2016), que traen análisis profundizados sobre las influencias sociales y culturales en la construcción de la identidad de género y en las experiencias de las personas transgénero. Además, estudios extranjeros también han proporcionado perspectivas relevantes sobre el tema. Autores como Suess Schwend (2020), Butler (1990), Davis (2015), Feinberg (1996), Namaste (2000), Serano (2007), Stone (1991), Stryker (2008) y Valentine (2007) contribuyen con análisis socioantropológicos que enriquecen la comprensión de las influencias sociales y culturales en la construcción de la identidad de género y en las vivencias de las personas transgénero en la sociedad contemporánea.

Una de las contribuciones de la visión socioantropológica es cuestionar la idea de que la disforia de género es una condición puramente individual y patológica. En cambio, se enfatiza que las normas de género y las expectativas sociales desempeñan un papel fundamental en la construcción de la identidad de género y en la manera como las personas transgénero son percibidas y tratadas por la sociedad. Este enfoque destaca cómo las normas de género son socialmente construidas y varían culturalmente, influenciando la forma en que las personas son socializadas en relación a las expectativas de comportamiento de acuerdo con su sexo asignado al nacer. Esto crea una presión para que las personas se conformen a los roles de género esperados, lo que puede generar conflictos internos cuando la identidad de género no corresponde al sexo designado. Este aspecto es abordado por la antropóloga Margaret Mead, en su libro "Sexo y Temperamento", donde aborda la influencia de las diferentes culturas en la construcción de los roles sociales de género. Mead (1935) argumenta que el comportamiento humano es moldeado por las normas sociales y no está determinado exclusivamente por la biología. El estudio de la autora cuestiona las nociones tradicionales de masculinidad y feminidad, explorando cómo las sociedades pueden crear expectativas y limitaciones basadas en el género. Así, Mead defiende la idea de que las diferencias de género son socialmente construidas y pueden variar significativamente entre diferentes culturas.

Además, otros investigadores, como Connell (1987, 2005), Butler (1990), Lorber (1994), Kimmel (2000) y Acker (1990), destacan cómo el sistema binario de género, que categoriza a las personas en masculino y femenino de forma prejuiciosa, excluye y marginaliza a aquellos que no encajan en estos patrones establecidos. Esto puede llevar a la discriminación, estigmatización y violencia contra personas transgénero. Al analizar críticamente las perspectivas y conclusiones provenientes de la socioantropología sobre la disforia de género, es importante reconocer que ella no niega la existencia de componentes biológicos o individuales en la formación de la identidad de género. Sin embargo, destaca la importancia de entender la disforia de género dentro de un contexto más amplio, considerando las influencias sociales, culturales y estructurales que moldean las experiencias de las personas transgénero. Una crítica posible es que este enfoque puede correr el riesgo de minimizar la experiencia individual de las personas que viven la disforia de género, reduciéndola solo a una construcción social. Es importante encontrar un equilibrio entre la comprensión de los aspectos sociales y culturales de la disforia de género y la validación de las experiencias individuales de las personas transgénero.

Los enfoques biológico y socioantropológico ofrecen perspectivas diferentes para la comprensión de la disforia de género. El enfoque biológico se centra en las influencias genéticas, hormonales y neurobiológicas en la formación de la identidad de género, buscando identificar diferencias biológicas entre personas cisgénero y transgénero, enfatizando la posibilidad de una base biológica subyacente a la disforia de género. El enfoque socioantropológico explora las influencias sociales, culturales e históricas en la construcción de la identidad de género, cuestionando las normas de género y las expectativas sociales que moldean la identidad de género, destacando cómo el sistema binario de género y las normas de género pueden excluir y marginalizar a personas transgénero, analizando las relaciones de poder y jerarquía que influencian la construcción de las normas de género. Al comparar estos enfoques, es importante destacar que uno no es superior al otro o más correcto que el otro. Ambos ofrecen perspectivas complementarias para la comprensión de la disforia de género. Mientras el enfoque biológico aporta al examinar posibles bases genéticas, hormonales y neurobiológicas para la disforia de género, proporciona ideas valiosas sobre diferencias biológicas que pueden existir entre personas cisgénero, transgénero y agénero (sin género), ayudando a comprender la diversidad de la experiencia de géneros. Por otro lado, el enfoque socioantropológico destaca la importancia de las influencias sociales y culturales en la construcción de la identidad de género, cuestionando, así, las normas de género establecidas, y evidenciando la necesidad de promover la inclusión y el respeto hacia las personas transgénero en la sociedad.

Rescate sociohistórico de la construcción del binarismo de género

La construcción binaria de género, sobre todo en occidente, que categoriza a las personas en masculino y femenino de forma rígida y dicotómica, tiene raíces históricas que se remontan a varias culturas y períodos de la historia humana. Al explorar los orígenes históricos de esta construcción, podemos comprender cómo se consolidó e influenció las percepciones y expectativas en relación al género a lo largo del tiempo. Uno de los primeros orígenes históricos de la construcción binaria de género puede encontrarse en la Grecia Antigua, donde el filósofo Platón propuso la analogía de las "almas gemelas". Esta analogía es presentada en el diálogo "El Banquete". De acuerdo con Platón (2014), los seres humanos originalmente poseían una forma única, andrógina, que combinaba características masculinas y femeninas. Estas criaturas eran poderosas y desafiaron a los dioses. Como castigo, Zeus dividió a los seres humanos por la mitad, separándolos en dos mitades, cada una con una mitad de la forma original. A partir de ese momento, las dos mitades están destinadas a buscar su otra mitad para sentirse completas nuevamente. Esta búsqueda de la otra mitad es la búsqueda de las almas gemelas. Según Platón, la unión de las almas gemelas es un deseo profundo y esencial para los seres humanos, pues es a través de ese encuentro que pueden recuperar su totalidad y experimentar la plenitud del amor. Esta analogía es una de las primeras teorías que expresa la dualidad fundamental entre masculino y femenino.

En el contexto judeocristiano, las tradiciones religiosas tuvieron una influencia significativa en la consolidación de la construcción binaria de género. En el libro del Génesis, por ejemplo, se narra la creación de Adán y Eva, donde Adán es creado primero y Eva es formada a partir de una costilla de Adán. Esta narrativa reforzó la idea de una división dual entre hombre y mujer, con roles y características específicos atribuidos a cada género. De acuerdo con Maranhão Filho y Franco (2019), la ideología de génesis afirma que Dios creó, únicamente, macho y hembra, y considera a Adán como el prototipo del hombre cisgénero y heterosexual/afectivo. De acuerdo con esta ideología, la salvación está asociada al dominio de lo masculino sobre la mujer, así como al dominio de la cisgeneridad sobre la transgeneridad y de la heterosexualidad/afectividad sobre la no-heterosexualidad/afectividad. Esta mentalidad atravesó y normalizó la Edad Media. Por medio de la influencia de la Iglesia Católica en la sociedad occidental, se contribuyó al mantenimiento y refuerzo de la construcción binaria de género. La visión de que hombres y mujeres poseían naturalezas distintas y complementarias, con los hombres siendo considerados superiores y responsables de la esfera pública, mientras que las mujeres eran relegadas a la esfera doméstica y sumisas a los hombres, fue ampliamente difundida.

En el siglo XVIII, la Ilustración trajo consigo una nueva perspectiva sobre la igualdad y la razón, cuestionando algunas de las nociones tradicionales sobre género. Sin embargo, la visión binaria de género aún persistió en gran parte de la sociedad, con la mujer siendo considerada como el "otro" en relación al hombre, con características y roles específicos atribuidos a cada género (Wollstonecraft, 2010). A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con el movimiento feminista y los debates sobre derechos de las mujeres, surgieron cuestionamientos más intensos en relación a la construcción binaria de género (Scott, 1995). Las teorías feministas pasaron a desafiar las nociones tradicionales sobre género, cuestionando la idea de que las características y roles sociales son inherentes al sexo biológico (Bento; Pelúcio, 2012). Actualmente, las discusiones sobre género se han ampliado aún más, con una mayor concienciación sobre la diversidad de identidades de género y la necesidad de superar los binarismos. Movimientos LGBTQIAPN+ han luchado por una mayor comprensión y aceptación de las identidades de género no conformes, cuestionando la rigidez de la construcción binaria y promoviendo una visión más inclusiva y fluida del género.

Al explorar estos casos históricos, podemos comprender cómo esta visión se consolidó a lo largo del tiempo y cómo ha moldeado las percepciones y expectativas en relación al género en la sociedad. Reconocer la historicidad de esta construcción nos permite cuestionarla, desafiarla y buscar una comprensión más amplia e inclusiva de las identidades de género. En términos sociales, las normas de género, que estructuran la sociedad de hoy, son transmitidas y reforzadas históricamente por instituciones sociales, como la familia, la escuela, la religión y los medios de comunicación. Desde la infancia, los niños y niñas son expuestos a patrones de comportamiento y roles de género específicos, que son enseñados e internalizados como normales y deseables. Estas influencias sociales moldean las identidades de género y establecen expectativas sobre cómo las personas deben comportarse, vestirse, relacionarse y expresarse basándose en su identificación de género.

Desde el punto de vista cultural, cada sociedad posee sus propias construcciones y concepciones de género, influenciadas por valores, creencias, tradiciones y prácticas específicas. Muchas culturas tienden a reforzar la dicotomía de género, atribuyendo diferentes roles y responsabilidades a hombres y mujeres. Estas normas culturales pueden variar ampliamente, desde la imposición de expectativas rígidas de comportamiento para cada género hasta la segregación de espacios y actividades de acuerdo con el género. La dimensión histórica juega un papel importante en la perpetuación del binarismo de género. A lo largo de la historia, la división entre masculino y femenino ha sido reforzada por teorías, discursos y prácticas que sustentan jerarquías de poder basadas en el género. Teóricos del pasado, en su mayoría hombres, buscaron fundamentar la superioridad masculina y la inferioridad femenina, enfatizando una naturaleza fija e inmutable de los géneros. Aristóteles, en "Política", argumentó sobre la inferioridad natural de las mujeres, destinándolas al papel de sumisión y cuidado doméstico. Arthur de Gobineau, en "Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas", relacionó la superioridad masculina con la superioridad de ciertas razas, considerando a las mujeres como seres inferiores. Otto Weininger, en "Sexo y Carácter", argumentó que los hombres son superiores a las mujeres tanto intelectual como moralmente, retratando a la mujer como una versión inferior e imperfecta del hombre. Además de estas investidas teóricas de legitimar una jerarquía de género, la construcción binaria de género también está intrínsecamente ligada al sistema patriarcal, que privilegia lo masculino en detrimento de lo femenino y refuerza desigualdades de poder entre los géneros. Este sistema patriarcal tiene raíces antiguas en la historia humana y ha sido perpetuado a través de estructuras sociales, políticas y económicas que mantienen y reproducen las desigualdades de género.

Desafiar y deconstruir estas influencias requiere un esfuerzo colectivo, que involucra la concienciación, la educación, la promoción de la igualdad de género y el reconocimiento de la diversidad de identidades de género. La lucha por la deconstrucción del binarismo de género busca la creación de espacios más inclusivos, donde todas las personas puedan vivir y expresar su identidad de género de manera libre, auténtica y sin prejuicios. El binarismo de género, que categoriza a las personas solo como masculino o femenino, tiene consecuencias significativas en la sociedad contemporánea. Estas consecuencias pueden observarse en diferentes esferas, como en los aspectos sociales, psicológicos, políticos y de derechos humanos. A continuación, se presentan algunas de las principales consecuencias del binarismo de género en la sociedad actual: restricción de la libertad de expresión de género; refuerzo de estereotipos de género; desigualdad de género y discriminación; salud mental y bienestar; limitación de la igualdad y diversidad.

Para enfrentar estas consecuencias del binarismo de género, es necesario promover una perspectiva más inclusiva y diversa en relación al género. Esto involucra el reconocimiento y respeto a las identidades de género no conformes, la deconstrucción de estereotipos de género, la promoción de la igualdad de género y el combate a la discriminación y violencia basadas en el género. La construcción de una sociedad más justa e igualitaria requiere el abandono del binarismo de género en favor de una comprensión más amplia y respetuosa de la diversidad humana. Y es en este terreno que la educación puede desempeñar un papel significativo en la promoción y construcción de espacios sociales seguros y respetuosos.

La institución escolar binaria y heteronormativa

La necesidad de transformar la escuela es urgente, especialmente cuando se trata de cuestiones de género. Es fundamental discontinuar prácticas y repensar contenidos que sirven solo para perpetuar el binarismo de género, contribuyendo así a la marginación y la disforia de género. Para que la escuela se convierta en un espacio inclusivo y respetuoso, es crucial adoptar enfoques alternativos en la educación de género. Un enfoque inclusivo implica reconocer y respetar la diversidad de identidades de género, yendo más allá de las nociones tradicionales de masculino y femenino. Esto implica proporcionar oportunidades de aprendizaje que reflejen la pluralidad de experiencias y vivencias de género existentes en la sociedad. Al incorporar perspectivas no binarias, transgénero y fluidas, la educación de género puede convertirse en un espacio de acogida y empoderamiento para todos los estudiantes. Para ello, un ejemplo significativo es proporcionado por Lima (2021) que, a partir de su experiencia en un Colectivo de Educación Popular en la ciudad de Porto Alegre (RS), llamado TransEnem, considera que las identidades Trans deben ser vistas como marcadores educacionales en la escuela.

Políticas y prácticas educativas que promueven la diversidad de identidades de género también son esenciales para desbinarizar el ambiente escolar. Esto puede incluir la implementación de políticas de antidiscriminación y de igualdad de género, la capacitación de los educadores para manejar cuestiones de género de forma sensible y respetuosa, y la promoción de recursos educativos que aborden la diversidad de identidades de género de forma positiva y educativa. Sin embargo, como se sabe, desde 2004 el movimiento "Escuela sin Partido" ha ido en contra de políticas de antidiscriminación y de igualdad de género, con más de 60 proyectos de ley en el Congreso Nacional que buscan evitar la supuesta doctrinación ideológica en las escuelas. Estas propuestas incluyen la exclusión de los términos "orientación sexual" y "género" del Plan Nacional de Educación (PNE) y de la Base Nacional Común Curricular (BNCC). Estas medidas han sido contestadas por órganos como el Consejo Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y a través de resoluciones y leyes específicas.

Además, es importante destacar ejemplos de acciones e intervenciones que pueden contribuir a mitigar la promoción de la disforia de género por la institución escolar aún heteronormativa. Esto puede involucrar la creación de espacios seguros e inclusivos, en los cuales los estudiantes puedan expresar libremente su identidad de género, sin miedo a discriminación o prejuicio, como se percibe en la realidad del curso TransEnem. También es fundamental el apoyo emocional y psicológico a los estudiantes que vivencian disforia de género, a través de servicios de consejería y grupos de apoyo, como preconizado por la APA (2015) y por el Consejo Federal de Medicina (2011).

Al adoptar un enfoque educativo que respete la diversidad de identidades de género, la escuela puede desempeñar un papel significativo en la promoción del respeto, la igualdad y la valorización de todas las personas, independientemente de su identidad de género. Ella debe ser un agente de transformación social, contribuyendo a la construcción de una sociedad más inclusiva, justa y respetuosa para todos.

A finales de la última década, Antônio Pierucci (1999) provocó una reflexión sobre la búsqueda de la igualdad versus la valorización de la diferencia. Hoy, con un mayor conocimiento, podemos afirmar que la igualdad plena es una utopía inalcanzable. Los individuos no son iguales, son distintos, y esa diversidad se manifiesta a través de múltiples identidades y vivencias. En este contexto, la agenda política debe fundamentarse en el reconocimiento y respeto a la diferencia. La escuela tradicional, que perpetúa una visión dicotómica entre masculino/femenino, heterosexual/no-heterosexual, entre otras categorías, necesita ser superada. Es necesario promover una educación inclusiva que valore la diversidad, yendo más allá de estas categorías binarias y normativas.

En el estudio realizado por Lopes (2017) sobre la escolarización de personas trans y sus experiencias narrativas, se hace evidente la violencia y exclusión social dirigidas a este grupo. Cardoso, Dias y Oliveira (2017), al abordar la violencia contra personas trans, resaltan la relación del concepto de "anormalidad" con la comunidad trans, enfatizando el papel de la escuela en ese proceso. La escuela, al promover el mantenimiento de la cultura binaria y de las normas que definen el ser hombre y el ser mujer, acaba responsabilizándose de perpetuar esa cultura y considerando todo lo que huye de ese patrón como anormal. Por su parte, Santiago (2022), a través de tres categorías de análisis - "la dimensión de la diferencia y del reconocimiento"; "en los muros de la escuela" y "más allá de los muros de la escuela" - concluye que la escuela margina y borra los cuerpos trans y travestis, resultando en evasión escolar, silenciamiento e imposibilidad de vivenciar y aprender con la diversidad en una cultura educativa cisnormativa y binaria.

Estos y otros estudios revelan la necesidad factual de interrumpir la lógica educativa de exclusión y segregación, conforme preconizado por Neusa Gusmão (2016). Para la autora, la educación escolarizada debe: "rescatar y revalorizar lo cotidiano y las prácticas del aula, para permitir que las llamadas diferencias sean reconocidas, pero, sobre todo, para comprenderlas como propiedad de aquel que no es 'igual', sin, sin embargo, jerarquizar y ver en ellas la desigualdad, tal como acontece en las llamadas sociedades de clase, sociedades de nuestro tiempo. Comprender las diferencias como 'cualidad' que nos constituye como seres humanos, como parte de nuestra humanidad, es un camino posible, en el cual el llamado 'otro' y diferente asume su lugar y sus derechos, haciéndose ciudadano. Se comprende, así, por qué aquel que educa no puede omitirse o ignorar las diferencias, ya que diferentes somos todos." (Gusmão, 2016, p. 51).

La institución escolar debe promover la inclusión de todas las identidades de género, reconociendo la diversidad como un valor fundamental en el ambiente escolar. Además de deconstruir la cultura binaria de género, superando la dicotomía entre masculino/femenino y heterosexual/no-heterosexual, permitiendo que las personas se expresen libremente conforme a su identidad y orientación sexual. Para ello, es necesario combatir la violencia y el prejuicio contra personas trans y travestis, garantizando un ambiente seguro y acogedor para todos los estudiantes. En este proceso, debe repensarse la estructura curricular, pedagógica y arquitectónica de las escuelas, de forma a incluir perspectivas de género no normativas y promover la equidad entre los géneros. Y, igualmente importante, capacitar a los profesionales de la educación para manejar de forma sensible y respetuosa las cuestiones de identidad de género, proporcionando formación continua y promoviendo la reflexión sobre prácticas inclusivas que, en lugar de segregar, valoricen la diferencia.

Consideraciones finales

A lo largo de este estudio, exploramos diferentes puntos relacionados con la identidad de género y sexualidad, tales como: disforia de género, en sus aspectos biológicos y socioantropológicos, así como el rescate sociohistórico de la construcción del binarismo de género y la influencia de la institución escolar en este contexto. Con base en estos puntos planteados, se puede concluir que es fundamental comprender y respetar la multiplicidad de identidades de género y orientaciones sexuales existentes. La sociedad y la institución escolar deben ser espacios inclusivos, donde todas las personas puedan expresar libremente su identidad de género y orientación sexual, sin discriminación o prejuicio. El modelo binario que categoriza a las personas estrictamente como masculinas o femeninas necesita ser cuestionado y deconstruido. Es necesario promover una comprensión más amplia y fluida del género, reconociendo que las identidades de género no se limitan a solo dos categorías. Para ello, se ha hecho evidente el papel de la institución escolar en esta deconstrucción, pues la escuela desempeña un papel crucial en la promoción de la diversidad y en el combate a la discriminación de género. Es necesario repensar prácticas pedagógicas, currículos y políticas educativas de forma a incluir perspectivas no binarias y ofrecer un ambiente seguro y acogedor para todos los estudiantes.

Aunque sea imposible abordar todo el debate sobre la temática en cuestión en un solo estudio, destacamos algunas sugerencias para futuras investigaciones. Una de ellas es la realización de estudios que exploren la vivencia de personas trans en la escuela, investigando sus experiencias de inclusión y las barreras enfrentadas en el ambiente educativo. Comprender mejor estas vivencias puede proporcionar ideas valiosas para promover la inclusión y superar los desafíos existentes. Otra área de investigación importante es la influencia de las representaciones de género en los materiales didácticos y en la cultura escolar. Analizar cómo estas representaciones afectan la construcción de las identidades de género de los estudiantes puede ayudar a identificar formas de promover una educación más inclusiva y libre de estereotipos de género. Además, es fundamental investigar la eficacia de los programas de formación de educadores en lo que se refiere a la promoción de la inclusión de identidades de género y a la deconstrucción de estereotipos de género en la escuela. Evaluar críticamente estos programas permitirá mejorarlos y hacerlos más efectivos en el contexto educativo. Por último, es importante explorar la relación entre identidad de género y rendimiento académico, investigando los impactos positivos de un ambiente escolar inclusivo en el aprendizaje y en el bienestar de los estudiantes. Ejemplos como el TransEnem pueden servir como referencia para comprender cómo iniciativas que acogen a personas trans pueden contribuir al éxito educativo y al desarrollo saludable de los estudiantes.